Constantemente utilizamos los términos “chavorrucos”, “millennials” o “generación z” de manera despectiva, lo cual no refleja otra cosa más que ignorancia, pero ¿por qué nos gusta generalizar si a nosotros no nos gusta ser etiquetados?

El problema viene de esta idea que se ha creado a mediados de la década de los 2000 en la que se le comenzaron a poner nombre a las generaciones. Aunque si lo pensamos bien, este tipo de imagen negativa hacia las generaciones ha ocurrido (y seguirá ocurriendo) con todas y cada una. ¿Qué hay de los escandalosos baby boombers cuando aún eran jóvenes? ¿O los chavorrucos y su eterna insistencia por ser jóvenes?

¿No será nuestro impulso por criticar a lo nuevo por recelo de quienes ya estaban ahí antes? Porque lejos de tratarse de una generación, estamos hablando de una época que, como todas, tiene sus propios ideales.