¿Cuántas veces no hemos deseado tener un chicle al que jamás se le acabe el sabor? Y no sólo un chicle, también amaríamos tener una botella de agua a la que nunca se le acabe el líquido o incluso una caja de cereal que nunca se terminara. Lástima que ninguna de ellas es posible. Por lo menos no ahora, a excepción del chicle. 

Esa idea, descabellada para algunos, se le ocurrió a un grupo de científicos japoneses liderados por Naoshi Ooba de la Universidad Meiji.

Su proyecto de la goma de mascar que dura para siempre lo presentaron recientemente en el Simposio ACM sobre Software y Tecnología de Interfaz de Usuario en Berlín, Alemania.

La magia se encuentra en unos pequeños toques de electricidad en la lengua. ¡Pero tranquilo! Porque no causa dolor. Simplemente engaña a la lengua para que esta experimente diferentes gustos. A esto se le conoce como efecto plezoeléctrico.

A pesar de que el chicle experimental tiene, por ahora, sabores salado o amargo, los científicos esperan llegar a más sabores, ya que otros estudios han demostrado que, al variar el patrón y la fuerza de la carga eléctrica, es posible inducir a los cinco sabores básicos: dulce, amargo, salado, agrio y harinoso.

¡Mientras no nos quemen la lengua todo estará bien!

¿Te atrevería a probarlo?